Awaken-Your-Psychic-Power-to-Feel-Your-Aura-Step-4“Las comidas desordenadas, el tabaco y el alcohol, y sobre todo no descansar cuando necesitamos desconectar pueden acabar con nuestras ganas de hacer cosas”.
Nuestra “mala” vida es básicamente la única responsable de nuestra pérdida de energía. Hablamos con expertos para saber cuáles los hábitos que nos roban la energía y por consiguiente la vitalidad.
1. 
Alimentos que nos dejan sin batería:Lo que comemos y cómo lo comemos, es vital para renovar nuestra energía. Cuando nos sentimos cansados recurrimos a bebidas con cafeína, pero en exceso  produce el efecto contrario. El azúcar, también tiene efecto “subidón”. Los carbohidratos refinados como el pan blanco, el arroz, patatas o cereales, que también son fuente importante de azúcar. Asimismo, Marián García, doctora en Farmacia y  nutricionista, recuerda que “los azúcares son imprescindibles para la función vital (son el alimento favorito de nuestras neuronas) pero en demasía, una parte de la glucosa puede transformarse en colesterol”, el cual, en exceso, obstruye nuestras arterias, afectando a nuestro cuerpo.
2. Consumir tóxicos: Marián García señala que el consumo de alcohol y tabaco provocan múltiples y graves enfermedades a largo plazo. En cuanto al tabaco, la experta incide en que “podría decirse que nos va matando por dentro, pero también por fuera. Fumar puede producir un envejecimiento prematuro en la piel, especialmente en las mujeres, ya que tienen una piel más fina”. “El alcohol, más allá de sus efectos crónicos, tiene un efecto inmediato, actúa como irritante de la mucosa gástrica y además puede provocar dolor de cabeza, náuseas y debilidad. El mejor consejo es una buena hidratación y limitar el consumo del mismo”.
3. Comidas desordenadas:No es sólo lo que comemos, sino cómo lo comemos. Debemos comer ordenadamente varias veces al día y no darnos un atracón ocasional. No debemos saltarnos el desayuno. “No desayunar, además de dejarnos a medio gas, es un mal hábito que algunos estudios asocian a hipertensión y obesidad en el futuro”. La experta también reseña en este punto que “Las vitaminas y minerales son los reguladores del organismo, los que se encargan de que todo funcione correctamente. Por ello, frutas y verduras deben estar siempre presentes.
4. No hidratarnos: Si en ocasiones sentimos desfallecer, no es por no comer, sino por no beber lo suficiente. La deshidratación leve puede tener efectos adversos y en casos más extremos, señala Marián García, puede producir “mareo, cansancio o fatiga y pérdida de memoria”. Una deshidratación más severa puede llegar a disminuir las habilidades mentales y psicomotoras “o hasta producir una pérdida de conocimiento”, así que nunca olvidar ingerir líquidos.
5. No movernos lo suficiente: ¿Qué hacer? Pablo Delgado, fisioterapeuta en Fisioterapia de la Serna propone “intentar cada dos horas levantarse y dar un paseo de un minuto aunque sea, de tal forma que movamos el cuerpo, mejorando su circulación. También puede ayudar hacer ejercicios con los pies (giros, lateralizaciones, etc.) para favorecer el retorno venoso”. Cuando salgamos de trabajar no dedicarnos en exclusiva al “sillón ball”, sino a hacer ejercicio, al menos durante media hora, cuatro días en semana. Para quien ya tenga en mente “no tengo tiempo” u “odio del deporte”, el fisioterapeuta apunta que “siempre se puede optar por subir por las escaleras y no por el ascensor, si vamos en transporte público bajarnos dos paradas antes, o aparcar el coche a una distancia que nos obligue a caminar, porque aunque sea poco, si se hace a diario, haremos un bien mayor a nuestro cuerpo de lo que pensamos”.
No descansar: No dormir bien. Toda “máquina” necesita su tiempo de descanso para hacer “reset”, y lo que nos lo impide son nuestros malos hábitos antes de ir a la cama, como estar con el móvil conectado. No sólo por la luz de las pantallas, sino también por mantener la mente activa hasta el momento antes de cerrar los ojos. Por esto, el fisioterapeuta de la Serna nos recomienda que “un rato antes de dormir, debemos ir bajando el ritmo de actividad mental, de manera que al llegar a la cama a dormir, estemos más preparados y relajados para dormir”.
7. El estrés:Muchas veces el motivo de nuestro insomnio es nuestro propio estrés. Son las tensiones y las presiones las que nos dejan sin fuerzas para afrontar el día. Nuestra cabeza es parte de la máquina y el forzarla a veces supone bloquearla. Desde el punto de vista mucho más técnico de Pablo Delgado, el estrés afecta a nuestra musculatura, puesto que “se somatiza, produciendo dolores muy típicos como  en la zona cervical (que puede llegar a darnos dolores de cabeza, sensación de vértigos, bruxismo, etc.)”. El consejo para ello es el más simple y el más difícil de aplicar de todos.

Tomarnos la vida con más tranquilidad y filosofía”.